Si compras para invertir, no te enamores a primera vista

Emil Montás - EmilMontas.com

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¿Eres de los que creen en el amor a primera vista? Ten cuidado, porque las emociones pueden llevarte a cometer un grave error, uno del que después tengas que lamentarte. Sucede en el amor y sucede también cuando buscas una propiedad, una casa para tu familia. No sé en cuál de las dos situaciones el riesgo sea mayor, pero sí puedo decirte que es mejor ser prudente, sosegado.

Es una conducta que repetimos todos los días, solo que de manera inconsciente y, por eso, no nos damos cuenta. Entras a un almacén en el centro comercial, simplemente porque algo que viste en la vitrina te llamó la atención, y diez minutos más tarde sales con una bolsa llena de productos. “Era lo que necesitaba”, te dices. “Me lo merezco, porque he trabajado muy duro”, refuerzas.

Lo sé, porque yo mismo soy una víctima, no es fácil decir no cuando ves algo que te gusta y, para rematar, dispones del dinero. Inclusive, hay ocasiones en las que te endeudas, pero no dejas pasar la oportunidad. “Después no lo vuelvo a conseguir, o va a estar más caro”, te justificas. Quizás te gastaste el dinero de la renta, para pagarle a ese amigo que te prestó hace un mes, en fin.

El ser humano, tú, yo, cualquiera, compra por impulsos emocionales. Es como cuando en los dibujos animados en la televisión al muñequito se le salen los ojos de las órbitas cuando ve algo que le llama la atención. A mí se me acelera el pulso y me da algo de ansiedad. Y aunque a veces intento hacerme el difícil, aunque busco maneras para no caer, caigo, ¡siempre caigo!

Por eso, porque sé que esta es una condición inherente a todos los seres humanos, les sugiero a mis clientes que se tomen un tiempo, que vean otras propiedades, que consulten con la familia. Sé que en ocasiones el proceso de buscar una vivienda no es grato y sé también que muchas personas no tienen la paciencia necesaria para vivir el proceso. Ese, amigo mío, es un gran riesgo.

¿Por qué? Porque para evitar que el proceso sea largo, algunas personas se enamoran de la primera propiedad que visitan. “Esto es justo lo que buscaba, Emil”, “Está perfecta, sé que a mi familia le va a encantar”, “Qué suerte que nadie la haya adquirido antes”, me dicen. En ese momento, tengo que asumir una actitud un poco dura y prendo las alarmas.

“Qué bueno, José, que te haya gustado. Es una propiedad muy buena, pero vamos paso a paso. Te recomiendo que mires otras alternativas, quizás encuentras algo mejor”, les digo a mis clientes. “Pero, Emil, si tu cliente ya dijo que sí, ¿por qué no cierras la venta ya y te ganas tu comisión?”, me preguntan mis colegas. Porque más que la venta o la comisión lo que me importa es mi cliente.

Es decir, su bienestar. Mi tarea, seguramente me habrás escuchado decirlo más de una vez, no consiste en vender propiedades inmobiliarias, sino en prestar la mejor asesoría integral a mis clientes para que puedan tomar la decisión más sana para ellos, su familia y su empresa (si es el caso). Mal haría yo en acelerarme también y no tomar las precauciones necesarias.

¿Precauciones? ¿Por qué? Siempre digo que la decisión de comprar una vivienda es una de las más difíciles y trascendentales en la vida de una persona, de una familia. Y, en consecuencia, no se puede adoptar a la ligera, por un impulso emocional. Dejarse llevar por la primera impresión (que tiene mucho peso en la decisión), por ese amor a primera vista, puede llevarte a un error.

Siempre, léelo bien, siempre hay que mirar más de una propiedad, para que puedas comparar, para la emoción del amor a primera vista se diluya y puedas ver los pro y los contra, para que la decisión no responda a un impulso emocional, sino a unos argumentos medibles. Esto aplica, en especial, en el caso en que la compra de la propiedad responda a un deseo de inversión.

Sí, ¿para qué vas a comprar esa propiedad? ¿Tienes planeado vivir allí durante mucho tiempo? ¿O, más bien, entiendes que tiene potencial y, después de hacerle algunas reformas, la vas a poner a la venta con la intención de obtener una ganancia? Las respuestas a estos interrogantes deben ser contundentes, no puede haber espacio para la duda. El objetivo tiene que ser muy claro.

Está demostrado que los compradores de vivienda toman la decisión después de los primeros 90 segundos de visitar la propiedad. Por eso, y mucho más en el caso de que el fin de ese inmueble sea una inversión, tu tarea como consultor inmobiliario es asegurarte de que tu cliente conozca todas las aristas del negocio, los pro y los contra. Recuerda: del afán solo queda el cansancio.

​El Consejo de Emil

Cuando una persona adquiere un inmueble con la intención de vivir allí, el precio no es el factor determinante si encaja en su presupuesto. Interesan más aspectos como seguridad, espacios, tranquilidad, amenidades. Estos son los casos en los que las emociones priman: la persona se visualiza viviendo allí, siente los beneficios que recibirá y le queda muy difícil decir no.

En cambio, cuando el objetivo es que la propiedad se constituya en una inversión de la que, en un futuro cercano, puedas obtener jugosos réditos, la mente se comporta (o debería comportarse) de otra manera. Obvio que el precio importa, lo mismo que las características del inmueble, pero lo que realmente debes considerar es las condiciones del mercado en el momento de la transacción.

Porque si el mercado de ese tipo de propiedades está a la baja, lo más sensato es esperar. Si, por ejemplo, la zona en la que está ubicado el inmueble no se ha valorizado en los últimos cinco años, comprar allí quizás no sea una buena decisión. La ubicación es muy importante porque en nuestras ciudades la movilidad es uno de los mayores dolores de cabeza de los ciudadanos.

La proximidad de vías principales, que haya más de un acceso (o salida), que haya otras opciones de transporte (metro o algún otro sistema público masivo), que esté cerca de servicios comerciales que utilizas con frecuencia, también son importantes. Lugares de diversión, sitios para comer, un parque para salir a pasear con la mascota o para que los niños jueguen, un gimnasio o una iglesia.

Aunque cueste creerlo, todos estos factores inciden no solo en el precio, sino también en la decisión de compra. Nadie quiere desplazarse demasiado para, por ejemplo, comprar los víveres o que el desplazamiento en vehículo consuma demasiado de su tiempo. Igual, hay que ver si esa propiedad está sobre una vía (en la que por lo general hay ruido) o un poco más escondida.

En un país como República Dominicana, que fue premiado con una naturaleza exuberante y unas vistas privilegiadas, es mejor que la propiedad esté cerca de la playa y ofrezca un buen panorama. Las propiedades con buena iluminación, buena aireación y jardines son más apetecidas. Si se trata de un apartamento, la mayoría de los clientes elige los pisos altos, en los que hay más tranquilidad.

Si eres de los que creen en el amor a primera vista, ten cuidado, porque las emociones pueden llevarte a cometer un grave error, uno del que después tengas que lamentarte. No te obnubiles por la primera propiedad que visites, y menos si tu interés es revalorizarla y venderla pronto. Si es una inversión, tómate el tiempo necesario para asegurarte de que tu dinero no se arriesgará.


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