El dulce sabor de la diversidad: San Pedro de Macorís

Emil Montás - EmilMontas.com

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Una de las características más atractivas del latino, y el hombre caribe no es la excepción, es la diversidad. Todos nuestros países son ricos en diversidad cultural (razas, música, gastronomía, arquitectura) y diversidad natural (flora, fauna), pero pocos lugares como San Pedro de Macorís han hecho de esa diversidad su identidad, su personalidad y su mejor oferta para el visitante.

Si eres aficionado al béisbol y has oído nombrar a peloteros históricos de las Grandes Ligas como Sammy Sosa, Alfonso Soriano, Fernando Tatis o Robinson Canó, entre muchos otros, sabes bien que son oriundos de este puerto. Por allí entraron a República Dominicana el primer automóvil y también el primer teléfono, y allí se jugó también el primer partido de béisbol en el país.

A solo 15 minutos de Juan Dolio (el lugar que lo tiene todo, en especial, paz, tranquilidad e inversiones rentables), San Pedro de Macorís es la provincia con mayor diversidad cultura en República Dominicana. ¿A qué se debe esto? A que fue por este puerto que ingresaron grupos migratorios provenientes de las islas británicas del Caribe, Cuba o Líbano, entre otros destinos.

El auge de la industria azucarera, a finales del siglo XIX, convirtió a San Pedro de Macorís en una perla en el Caribe. Era la plaza comercial más dinámica del país, una urbe que experimentó un rápido desarrollo de la mano del dulce negocio que fomentó otros como los de artesanías, los de manufactura, los de la construcción y los del comercio en general. ¡El motor del desarrollo!

Uno de los hechos que marcaron la historia del país, y que muchos desconocen, es que la primera experiencia turística en República Dominicana se vivió en San Pedro de Macorís. ¿Lo sabías? Fue por allá en 1924, cuando sobre las aguas del río Higuamo aterrizó un hidroavión que traía a un grupo de turistas que querían conocer este destino, que había traspasado las fronteras.

Hoy, lo sabemos, el azúcar, el béisbol y el turismo son, entre otros, los principales productos que identifican ya no solo a San Pedro de Macorís, sino también a República Dominicana. A finales de la década de los 20, cuando la ciudad era responsable al menos el 65 por ciento de la producción de azúcar, llegaron los vientos de tormenta: fue por la crisis global, conocida como la Gran Depresión.

La industria azucarera sufrió el golpe con dureza y, para colmo, con la llegada al poder del militar Rafael Leónidas Trujillo, cuya dictadura se extendió por 31 años, San Pedro de Macorís fue relegada a segundos planos. El mandatario se encargó de llevarse para Santo Domingo a los inversionistas y principales industrias de la región y la Sultana del Este perdió algo de su brillo.

Una de las grandes ventajas de vivir en Juan Dolio es que está a solo un paso de lugares encantadores como San Pedro de Macorís. Por este puerto entraron a República Dominicana el primer automóvil, el primer teléfono, el turismo y el béisbol. Polo de desarrollo del país a través de la industria azucarera, es un destino que aquel que pisa suelo dominicano debería conocer.

El Consejo de Emil

Fue en los años 70, durante el segundo mandato de Joaquín Balaguer, conocido como ‘Los doce años’, que recuperó su lugar. Fue gracias a la apertura de la Universidad Central del Este (UCE) y de la apertura de la Zona Franca en el puerto, que revitalizaron la región y le dieron un nuevo impulso a la adormecida industria. Hoy, la ciudad es polo de desarrollo, cultura e historia.

De allí son originarios los Guloya, el Teatro Danzante Cocolo que en noviembre de 2005 la Unesco proclamó como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Se trata de la representación, con música y baile, de las costumbres de los afrodescendientes que llegaron a República Dominicana durante la bonanza del azúcar provenientes de las Antillas Menores.

Pobladores de Saint Kitts y Nevis, Antigua, Dominica, Monserrat y San Vicente, que fueron colonias británicas, desembarcaron en San Pedro de Macorís para emplearse como obreros y técnicos de la industria azucarera. Con el paso del tiempo, las tradiciones de estos inmigrantes se fundieron con las propias del país y formaron una maravillosa mezcla que hoy es motivo de orgullo para todos.

La gastronomía y la arquitectura son otras manifestaciones de la diversidad cultural de San Pedro de Macorís. Es una genial combinación de lo autóctono con lo asimilado de otras culturas. El pescado es la base de variados platos típicos, pero también están el Domplin (fritura de harina) y el Guavaberry, una bebida refrescante que se ha convertido en un sello que identifica la región.

La arquitectura ofrece joyas como la catedral San Pedro Apóstol, construida en 1903, y el edificio Morey, el primero del país que se levantó con tres niveles. El Hospital Carl T. George, la UCE, el edificio de los Bomberos (estilo victoriano), el Depósito, el Centro Español (fachada en estilo neoclásico) y el colegio San Pedro Apóstol son muestra de la riqueza arquitectónica de la ciudad.

Y hay más, mucho más, porque San Pedro de Macorís es una cajita de Pandora que le ofrece al visitante sorpresas por doquier. A solo 15 minutos de Juan Dolio, este es uno de esos rincones exclusivos que solo se pueden disfrutar en América Latina. Historia, cultura, entretenimiento, deporte y gastronomía son alternativas del dulce sabor de la diversidad de San Pedro de Macorís.


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