Primero, lo primero: primero, el presupuesto

Emil Montás - EmilMontas.com

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Tener una casa propia es el sueño dorado de muchas personas, de muchas familias. Desde siempre, lo hemos asociado a alcanzar el éxito. He tenido la fortuna de ser testigo de excepción de innumerables casos que terminan con un fuerte abrazo, lágrimas de felicidad y el corazón latiendo al límite de la taquicardia. Es una sensación indescriptible que a mí también me hace feliz.

No podría decirte cuántas veces pude cumplir la promesa de entregarle a mi cliente las llaves de su casa. Nadie, seguramente, lleva esa contabilidad. Lo que sí puedo decirte con seguridad es que hoy, más de veinte años después de haberme iniciado en este hermoso oficio a la sombra de mi madre, la sensación no ha cambiado ni un ápice: experimento la misma dicha, el mismo nerviosismo.

Tu cliente no lo sabe, o quizás no lo percibe, pero cuando un agente inmobiliario atiende la solicitud de esa persona y comienza la búsqueda de esa propiedad soñada, inconscientemente, en el fondo de su corazón, asume que es él quien se va a vivir allí. Es una conexión muy poderosa, y necesaria, para encontrar ese inmueble que felizmente le va a cambiar la vida a una familia.

Lamentablemente, ese proceso no siempre termina bien. Es cierto que no todas las historias tienen final feliz, pero estas sí deberían incorporarlo. Porque, lo sé porque he sido testigo de casos dolorosos, a veces lo que surgió como una gran ilusión se transforma en una pesadilla. Y no tiene por qué ser así, no hay razón para que sea así, salvo que se comenta algún grave error.

Para la mayoría de las personas, para el común de las personas, el proceso se inicia con la búsqueda de esa propiedad soñada y termina con la negociación. Si tú eres de los que piensan así, amigo mío, déjame decirte que estás equivocado y, lo peor, que corres serios riesgos si actúas de esa manera. Sí, el riesgo de llevarte una gran frustración, de ver cómo tu sueño de diluye.

¿Sabes por qué? Porque el comienzo del proceso debe ser establecer el presupuesto. Cuando vas a comprar un automóvil, dices “tengo 25.000 dólares y eso me alcanza para tal modelo”, cuando vas al supermercado, cuando vas a la tienda de ropa, cuando sales de vacaciones, siempre lo primero que debes hacer es fijar el presupuesto: ¿de cuánto dinero dispones para gastar?

Si, por ejemplo, quieres ir a Europa y recorrer Italia, Francia y Grecia, quizás requieras unos 10.000 dólares. ¿Los tienes? ¿Vas a conseguir un préstamo? ¿Vas a pagar el paquete a plazos? ¿Y cuánto dinero vas a llevar para la comida, para los gustos, para los imprevistos? No todo lo puedes cargar a la tarjeta de crédito, porque esta opción tiene un tope, un límite. Entonces, ¿cómo lo harás?

Estoy completamente seguro de que, si se trata de las vacaciones, de las compras del supermercado, del automóvil o de la tienda de ropa, lo primero que determinas, siempre, es el presupuesto. Sin embargo, cuando una persona va a comprar una vivienda, no sucede lo mismo. Por una razón que nunca pude entender, las personas buscan una casa y no saben cuánto dinero tienen.

Si tú eres quien va a hacer la adquisición, revisa tus finanzas. ¿Vas a pagar de contado? ¿Ya tienes el valor de la primera cuota? ¿A cuántos meses estás dispuesto a tramitar un crédito bancario? Por otro lado, ¿tienes ingresos fijos y estables? Estas son preguntas que cualquier persona debería responder de manera contundente, sin asomo de duda, antes de emprender la búsqueda.

Buscar una nueva vivienda es una de esas experiencias que siempre debería tener un final feliz. Sin embargo, no todas las veces ocurre así. ¿Por qué? Una de las principales razones, uno de los más graves errores que conducen a ello, es que el cliente no establece un presupuesto, no sabe de cuánto dinero dispone. Primero lo primero: fija el presupuesto y luego emprende la búsqueda.

El Consejo de Emil

¿Sabes por qué? Porque he visto casos en los que las familias se enamoran, literalmente, de una propiedad y luego se llevan una terrible decepción cuando pregunta el precio. La cifra está lejos de su alcance, de sus posibilidades. Algunos se obsesionan de tal manera, que asumen compromisos que después no pueden cumplir y que, lo peor, ponen en riesgo el patrimonio familiar.

Esa, por supuesto, no es una buena decisión. Si la compra de vivienda es un proyecto familiar, en el que cuentas con el apoyo de tu pareja, el presupuesto es crucial para que cada uno sepa cuánto debe aportar, o cuánto en realidad puede aportar. Programar el presupuesto te permite disponer de recursos frescos, te ayuda a fijar las prioridades y evita que tengas que apretar el cinturón de más.

Una de las alternativas más interesantes para ahorrar un poco de dinero es comprar sobre planos. Es una opción a largo plazo, pero ofrece una gran ventaja: en el momento en que recibas tu inmueble, ya habrás pagado la totalidad o buena parte de él. La otra cara de la moneda es que debes armarte de paciencia, porque el proceso se demora, por lo general, entre 2-4 años.

Además, antes de embarcarte en esta aventura necesitas investigar quiénes son las personas y empresas que están detrás del proyecto. ¿Son confiables? ¿Qué experiencia acredita en esta clase de proyectos? ¿Anteriormente cumplió con los plazos establecidos? No sobra que te asesores de un arquitecto y de tu consultor inmobiliario de confianza para evitar fuertes dolores de cabeza.

Si la vivienda que deseas adquirir es nueva, también debes saber qué gastos adicionales vas a asumir. ¿Administración? ¿Impuestos? ¿Trámite de documentos en notarías? Estos son los que llamamos gastos hormiga, de poca monta, pero con gran peso en tu presupuesto. Si no los tienes en cuenta, después se van a convertir en una carga pesada y, sobre todo, en una incomodidad.

Si la propiedad es usada, ¿requiere reparaciones? ¿De qué tipo? Hay algunos, como las obras de remodelación o de los baños que son costosas y, quizás, no quieras asumirlas. O, si decides hacerlo, ¿cuentas con el dinero para eso y también para comprar la vivienda? ¿Esas reparaciones son urgentes o dan tiempo de espera, las puedes llevar a cabo en uno meses? Piénsalo bien.

Como mencioné al comienzo, tener una casa propia es el sueño dorado de muchas personas, de muchas familias. Mi trabajo consiste en ayudar a que la búsqueda de esa propiedad sea una experiencia con final feliz, pero no siempre depende de mí. Un consultor inmobiliario es nada más un intermediario, un instrumento del cliente que al final de cuentas es el que toma las decisiones.

Por eso, si eres consultor inmobiliario y un cliente te solicita tu ayuda, no olvides poner sobre la mesa el tema del dinero, del presupuesto: te evitarás inconvenientes. Si, por el contrario, tú eres el cliente, entiende que es una obligación del agente preguntar por ese tema para que su trabajo brinde mejores resultados. Recuérdalo: primero fija el presupuesto, luego emprende la búsqueda.


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