Si se justifica, la remodelación integral es una buena opción

Emil Montás - EmilMontas.com

Emil Montás - EmilMontas.com

Una de las realidades más difíciles de aceptar cuando eres el propietario de un inmueble es aquella de que se deprecia a medida que pasa el tiempo. Es inevitable, una ley del mercado que no puedes pasar por alto. Y tampoco vale la pena que te desgastes luchando contra ella, porque lo único que conseguirás será desperdiciar tus energías en vez de utilizarlas en algo provechoso.

Cuando tú compras un automóvil, no importa la marca o la línea, comienza a perder valor desde el mismo momento en que sale del concesionario. Aunque solo hayan pasado dos o tres meses desde que lo adquiriste, si lo quieres vender tendrás que resignar un 5-10 por ciento de lo que pagaste. Y si hablamos de 1-2 años, el valor de la depreciación puede ser de hasta un 30 por ciento.

Tengo varios amigos y conocidos que montaron en cólera cuando intentaron vender sus vehículos, de alta gama, y solo les ofrecieron algo más de la mitad de lo que pagaron por él. Habían pasado cinco años desde entonces y la dinámica del mercado provocó era caída del valor del bien. Por supuesto, a esta situación contribuye que cada año salen cientos de modelos nuevos.

Lo mismo ocurre con los inmuebles, aunque no en la misma proporción. No importa en qué país vivas, en qué ciudad vivas, cuando vas por la calle si miras a los lados verás una gran cantidad de obras en proceso. Edificios, centros comerciales, oficinas, en fin, inmuebles de distintas clases, para públicos distintos, necesidades distintas y, claro, presupuestos distintos. Así funciona el mercado.

Como hay tanta oferta nueva, en todos los rangos del mercado, y dado que no es muy difícil acceder a un crédito hipotecario, son muchas las personas que se inclinan por la vivienda nueva. Ah, es que estrenar, así sea una casa, un par de tenis o un teléfono, tiene su encanto. Nada tan especial como el olor de la pintura fresca, el brillo de los azulejos nuevos o de la madera.

Sin embargo, es una realidad que no todos puede comprar nuevo. De hecho, uno de los motores que impulsa tanto la industria inmobiliaria como la economía del país es la vivienda usada. Y más en estos tiempos modernos en los que las personas no quieren vivir lejos del lugar de trabajo, del colegio de los hijos, sino en zonas céntricas en las que lo básico esté al alcance de la mano.

Si tú eres el propietario de una vivienda que tiene 10-15 años y la quieres vender, significa que hay una buena oportunidad. Antes de ponerla en el mercado, sin embargo, es bueno que te hagas una pregunta: ¿tal y como está es posible encontrar un cliente que pague lo que pides o, más bien, hay que hacer una remodelación? La remodelación integral, sin duda, es una muy buena alternativa.

Los expertos estiman que una remodelación integral bien ejecutada puede incrementar el valor de la propiedad hasta en un 20 por ciento. Por supuesto, no hay que dejarse llevar por esta cifra, así como así, porque puede convertirse en una trampa. ¿A qué me refiero? Si las obras que vas a acometer son demasiado costosas, después quizás te resulte muy difícil recuperar la inversión.

Cuando hablamos de remodelación integral nos referimos a retoques en todos los ambientes de la propiedad. Por lo general, cuando alguien es dueño de una propiedad y la quiere volver a poner como una tacita de plata antes de sacarla al mercado, se concentra en tres lugares: la cocina, los baños y los pisos. El concepto de integral, mientras, contempla otras áreas del inmueble.

Antes de tomar alguna decisión, lo más conveniente es que te asesores de un experto. Si conoces a un arquitecto que te pueda ayudar, pregúntale. Pídele que te acompañe a la vivienda y que te haga una evaluación completa, que te dé un diagnóstico integral y, ojalá, que te presente un presupuesto del costo al que ascenderían las obras sugeridas. No omitas este paso, por favor.

Por muy bien cuidada que esté, una vivienda usada pierde valor con el paso del tiempo. Y cuanto más tiempo haya pasado, más se deprecia. Esa, sin embargo, no es una razón para que tengas que resignarte a perder dinero. Una de las alternativas viables para darle un nuevo aire a tu propiedad es la remodelación integral: si se justifica, puede incrementar el valor en un 20 %.

El Consejo de Emil

He tenido varios clientes que, en su afán por desprenderse de la propiedad, asumen obras de remodelación que, a la postre, producen el efecto contrario al esperado. ¿Cómo así? Pues, que son tan costosas, que después nadie está dispuesto a pagar el precio que el propietario pide por ese inmueble. “Para pagar todo ese dinero, mejor busco algo nuevo”, es la respuesta que escuchan.

No se trata de cambiar por cambiar, de manera caprichosa, sino de definir con claridad qué vale la pena remodelar, qué zonas de la vivienda, qué elementos o accesorios contribuirían a incrementar su valor, si fueran nuevos. ¿Los grifos de los baños? ¿Los pisos? ¿El suelo de la sala y del comedor? ¿La pintura de las habitaciones? Lo importante no es lo decorativo, sino lo estructural.

¿Eso qué significa? Si la pintura de las habitaciones se encuentra en buen estado, no vale la pena pagar solo para cambiar el tono del color, por ejemplo. La idea de una remodelación integral es que contribuya a incrementar el valor de la propiedad sin incurrir en gastos que después son difíciles de recuperar. Cambia solo lo que se justifique, lo que le resta valor al inmueble.

Ahora, bien, si la remodelación integral implica la ejecución de obras nuevas, de ampliaciones o algo por el estilo, debes considerar también el tiempo y el valor que representan los trámites legales, los permisos. Y no te obsesiones con obras suntuosas como un jacuzzi, marquesinas decorativas o adornos en la entrada, porque quizás tus clientes no estén dispuestos a pagarlas.

Entiendo tu malestar cuando un cliente o un experto te dicen que no van a pagar lo que tú pides por tu propiedad. Esto ocurre, en parte, porque todos creemos que lo nuestro vale más que lo de otros, y no es fácil aceptar la realidad del mercado. Por eso, antes de caer en la desesperación o de cometer un error del que puedas arrepentirte, considera la opción de la remodelación integral.


Comments

comments