Alquilar: una opción con muchos beneficios

Emil Montás - EmilMontas.com

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El sueño de muchas personas, de casi todas las personas, es tener una casa propia. Sin embargo, no todos pueden alcanzarlo principalmente porque carecen de los recursos para adquirir esa propiedad. Entonces, solo les queda la opción del alquiler. Entiendo que para algunos significa una decepción, pero la verdad es una alternativa viable y positiva si sabes aprovechar sus ventajas.

No hay nada como la casa propia, lo sé. Lo sé como una persona a la que la vida le dio el privilegio de tener una y lo sé también como consultor inmobiliario que pudo ayudar a muchos de sus clientes a cristalizar el sueño de adquirir esa ansiada propiedad. Además, desde que somos niños nos enseñan que tener un buen trabajo, conformar una familia y tener una casa son sinónimo de éxito.

Ser propietario es una sensación única. Hay algo de magia, algo muy poderoso y difícil de describir, en ese momento en el que recibes las llaves, cuando firmas el contrato que te acredita como el dueño de esa propiedad. Y cuando entras a ella la primera vez, y cuando llega el camión de la mudanza y empiezas a distribuir los muebles, y cuando la decoras con tu toque personal, en fin.

Sí, no hay duda de que tener una casa propia es un privilegio. Sin embargo, cuando alguno de mis clientes me dice que no tiene la posibilidad de comprar, siempre le hablo de la opción de alquilar. Créeme que esta alternativa también tiene su encanto, más allá de algunas restricciones que son lógicas. De hecho, puede ser un paso intermedio, una escala, en el camino para ser propietario.

Te lo voy a explicar a través de un ejemplo para que veas cuáles son las diferencias y, sobre todo, para que no eches en saco roto la posibilidad de pasarte a esa propiedad simplemente porque no la puedes adquirir. La diferencia entre el propietario y el arrendatario es la misma que hay entre el residente en un país y el turista. Si alguna vez visitaste un país que no es el tuyo, seguro entenderás.

El propietario es como el residente: está en su terreno. Lo conoce bien, lo ha disfrutado con su familia, pero por motivos personales o por negocio decide poner en venta la propiedad. Su afán es que esta quede en buenas manos, es decir, que la adquiera una persona que la cuide como si fuera él, que no la deje deteriorar. Al fin y al cabo, ese lugar guarda muchos recuerdos gratos.

El arrendatario, mientras, es como el turista. Eligió ese destino porque le gusta, porque sabe que le va a brindar la experiencia que espera, pero desde el comienzo sabe que no se va a quedar a vivir allí. También entiende que, como extranjero, debe adaptarse a las normas establecidas y se compromete a cuidar el hotel, la playa, el entorno. Está de paso y debe dejar un buen recuerdo.

Cuando viajas a otro país vas a encontrar muchas cosas que no te gustan. Quizás el ruido, o el desorden en las calles, o algo de la comida, o la forma en que te trataron. Eso es algo normal, que sucede en todas partes, algo a lo que estamos sometidos quienes viajamos. Lo hacemos con la expectativa de vivir una experiencia positiva, pero debemos aprender a convivir con lo ajeno.

Eso, por supuesto, significa respetar las leyes, ser comedidos con las personas que nos atienden en los restaurantes, en el hotel, en los lugares donde realizamos las compras. Y, también, aprender a disfrutar de lo que ese país ajeno nos ofrece, sin mortificarnos por detalles menores. La idea es que el tiempo que pasemos allí sea satisfactoria y enriquecedor, que sea una vivencia positiva.

No poder comprar la propiedad de sus sueños suele convertirse en una frustración para muchas personas que no tienen más remedio que alquilar, y no hay razón para que sea así. Si ese es tu caso, asúmelo como un paso intermedio, como una escala en el proceso de convertirte en un propietario. Lo importante es que conozcas las características de esta otra modalidad.

El Consejo de Emil

Ese es el sentido con que debes asumir la opción del arrendamiento: es algo temporal, un escenario que cumple con las características que tú requieres, pero en el que debes respetar las normas establecidas. Y, claro, hay que tener la mente abierta para disfrutar el tiempo que estés allí, para recordar las experiencias que vives allí, para que tu inversión valga la pena.

Lo primero que debes considerar cuando vas a ser inquilino es que necesitas firmar un contrato. No importa si el dueño es un familiar, o un amigo cercano o un conocido referido. Debes firmar un contrato, es lo más conveniente para todas las partes. Y no con la idea o la intención de evitar que vulneren tus derechos o te cobren de más, sino para que cada uno sepa a qué se compromete.

El objetivo de un contrato es establecer las responsabilidades de cada una de las partes y también sus derechos. Es un acuerdo de doble vía en el que se busca que nadie saque ventaja indebida. Sé, porque lo he experimentado, que a muchos de los arrendatarios les molesta firmar contratos, les resulta incómodo, pero este documento es indispensable a la hora de hacer una reclamación.

En Latinoamérica, es frecuente que estas transacciones se hagan de palabra, es decir, sin un documento que certifique las condiciones y la legalidad. Este, sin duda, es un error: está bien que confíes en la otra persona, pero las normas están hechas para protegernos a todos y ese es un derecho al que renuncias en caso de que omitas firmar un contrato. Esto, por favor, no lo olvides.

Además, como dicen por ahí, las peleas suceden hasta en las mejores familias. Sí, un malentendido se da en cualquier momento y por el motivo más sencillo y, si no hay un documento firmado, se arma un lío legal de grandes dimensiones en el que, por lo general, pierden las dos partes. Por eso, en los términos más cordiales y con la asesoría legal correspondiente, firma el bendito contrato.

Si vives en República Dominicana, debes saber que la firma del contrato de alquiler implica que el inquilino abone el dinero equivalente a dos meses de depósito y pague un mes por adelantado. ¿Qué significa esto? Es lo que popularmente se conoce como dos más uno. Es un tema importante y, por eso, hay que tener claridad al respecto, para saber, en especial, cuál es tu deber en este caso.

Este depósito es otro trámite que para algunos resulta incómodo, pero es simplemente una garantía. Ese dinero, debes saberlo, no va al olvido, no se pierde: es simplemente un fondo de precaución que el propietario del inmueble utiliza cuando termina el contrato y tú devuelves la propiedad. Si está en el mismo estado en que la recibiste, te devuelven ese pago. Así de simple.

Lo que ocurre es que, muchas veces, los inquilinos son descuidados y provocan daños en la propiedad que luego no reportan, ni reparan. El dueño solo se da cuenta cuando vuelve a tomar posesión del inmueble y tiene que sufragar los gastos de las reparaciones. Para eso se creó esta garantía. Como ves, se trata de que ninguna de las partes saque provecho o salga perjudicada.

Por último, la justificación del dos más uno es muy sencilla: los servicios se pagan por adelantado. Entonces, los dos meses de depósito, que actúan como garantía para el propietario en caso de que el inmueble no sea devuelto en condiciones satisfactorias, mientras que el más uno tiene como finalidad el pago del primer mes que vas a ocupar la propiedad. Es lo más conveniente para todos.


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