Búsqueda en pareja: que no desate la III Guerra Mundial

Emil Montás - EmilMontas.com

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Para el común de las personas, el proceso de búsqueda de una nueva vivienda no es agradable. Hay muchos mitos (que, por supuesto, no son ciertos) y también algunas dificultades que se deben sortear si quieres que el resultado sea satisfactorio y, en especial, que el desarrollo no sea tormentoso. En especial, cuando la búsqueda se realiza en pareja: ¡peligro de III Guerra Mundial!

La verdad, me resulta complicado entender por qué el proceso de búsqueda de una vivienda, que no es algo del otro mundo, para algunas personas o familias se torna en algo difícil. De hecho, y eso es lamentable, en fuente de conflictos. Y no tiene por qué ser así, pues basta fijar unos cuantos parámetros, establecer unos acuerdos, fijar unos objetivos y determinar unas tareas.

¿Sabes cuál es el origen del problema? Que las personas no se dan cuenta de que se trata de un trabajo de equipo. Inclusive cuando buscas una propiedad para vivir solo, necesitas de otros que te ayuden, como un amigo, como tus padres, como un consultor inmobiliario. Tomar la decisión en solitario es posible, claro que sí, pero asumes riesgos que innecesarios que otros te permiten minimizar.

Por lo general, cuando se trata de una familia, el proceso de búsqueda lo asume una de las dos cabezas de familia, el padre o la madre. ¿Por qué? Por cuestiones prácticas, para ahorrar tiempo, dado que no es fácil compaginar las agendas. Así transcurren las primeras etapas, pero cuando se llega a las cruciales la mayoría prefiere compartir la responsabilidad de tomar una decisión.

En el caso de las parejas, especialmente de los jóvenes que a veces no están casados, pero que comienzan a compartir su vida, el tema es diferente. De hecho, en varias ocasiones he atendido a clientes así y puedo decirte que no es fácil. ¿Sabes por qué? Porque no se ponen de acuerdo, porque cada uno tira para su lado, porque tienen expectativas diferentes y no conciliadas.

La clave de la búsqueda de vivienda en pareja es la comunicación. Sí, que cada pasa que uno dé, se lo informe a la otra persona, para que no entren en contradicciones, para que no haya roces innecesarios. Lo irónico es que las parejas jóvenes creen que son almas gemelas, pero cuando se involucran en el proceso que encontrar la vivienda que quieren compartir se dan cuenta de que no es tan así.

La pregunta que muchos se hacen es ¿por qué es tan difícil para una pareja sobrellevar sin mayores traumatismos el proceso de búsqueda y adquisición de una vivienda? Porque los roles no están bien establecidos, porque cada uno quiere imponer su criterio, porque vienen de hogares distintos, con enseñanzas distintas, con experiencias distintas y, claro está, con objetivos distintos.

“Ah, Emil, pero lo mismo ocurre con un matrimonio”, podrás decirme. No, aunque suene loco, no es así. ¿Sabes por qué? Porque cuando tú ya estás casado, los canales de comunicación funcionan de manera fluida, los roles están bien establecidos y se llega a acuerdos para alcanzar los objetivos comunes. En otras palabras, en el matrimonio son dos personas que actúa como si fueran solo una.

En cambio, las parejas, ¡ay, las parejas! Cuando eres consultor inmobiliario, muchas veces tienes que enfrentar lo que llamamos gajes del oficio: eres testigo de agrias discusiones; sin desearlo, terminas involucrado en una pelea de novios o, en el peor de los escenarios, la venta se pierde porque no fue posible que se pusieran de acuerdo. Suele ocurrir, más veces de lo que crees.

En el caso de los recién casado o, algo cada vez más frecuente, de las parejas que sin haber pasado por el altar deciden comenzar a construir una vida común, la búsqueda de la vivienda debe hacerse bajo ciertos parámetros. Ubicación y características del inmueble, manejo del presupuesto y participación de los familiares, los puntos más importantes que deben resolver.

El Consejo de Emil

Si es tu caso, amigo mío, y están con tu pareja en la búsqueda de una vivienda, estos consejos con seguridad te van a ayudar:

1.- Acuerden la zona que les gusta. No es lo mismo vivir en el sur que en el norte, en el centro o en la periferia, en la ciudad o en la playa. Si no están de acuerdo en este aspecto básico, los problemas van a aflorar rápido y seguramente serán irreconciliables. Algo importante: que sea equidistante de los lugares de trabajo de cada uno, para evitar discusiones posteriores.

Tengan en cuenta no solo las distancias, sino también las facilidades de movilidad en diferentes tipos de transporte, público y privado. Otro aspecto que deben considerar es el horario de trabajo, porque no es lo mismo desplazarse en la mañana que al mediodía, en la tarde o en la noche. Lo ideal es que la vivienda se encuentre en una zona neutral: que ninguno ser perjudique o beneficie.

2.- Definan claramente el presupuesto. Este es uno de los temas álgidos y, seguramente, el motivo de las mayores discordias y discusiones. Por dinero, lamentablemente, muchas relaciones cercanas terminan arruinadas, así que no es algo que se pueda tomar a la ligera. Deben establecer si van a compartir los gastos o si, por el contrario, cada uno se va a encargar de unos específicos.

Por ejemplo, ¿quién va a pagar la cuota inicial? ¿Y quién se hará cargo del primer pago? Puede ser, también, que decidan tomar un préstamo y, entonces, hay que convenir quién será el responsable ante la entidad financiera y cómo se dividirán los aportes. Lo más importante es que los dos se sientan partícipes del proyecto y que estén bien delimitadas las responsabilidades de cada uno.

3.- Adiós familia y amigos. Este sí que es un punto caliente. Las intromisiones de la familia, de cualquiera de las dos partes, son nefastas. No es una ley, porque he conocido familias que en realidad les han brindado una ayuda valiosa a las parejas jóvenes, pero la mayoría de las veces no ocurre eso. El problema es que los demás ven la propiedad con ojos muy distintos a como la ve la pareja.

Si se trata de los padres, por ejemplo, ellos asumirán que están buscando algo para su niño o su niña, pensarán como si se tratara de la vivienda familiar y no aquella en la que un adulto independiente quiere comenzar una nueva etapa de su vida. Y los amigos, los queridos amigos, lo asumen como si fuera el apartamento de solteros o la residencia universitaria, y nada que ver.

Definir el plan de visitas, compartir la información que han recolectado por separado, ser muy honestos en decir lo que quiere cada uno y, especialmente en el tema económico, lo que cada uno está dispuesto o en capacidad de aportar, son decisiones que se tienen que tomar como equipo. Por último, no olviden que muchos de los problemas se evitan si se ponen en manos de un buen consultor inmobiliario.

El proceso de búsqueda de una vivienda siempre es una experiencia significativa para una persona, para una familia. Más, si es el caso de una pareja joven que comienza a construir un futuro y que les da vuelo a sus sueños. Por eso, más que en cualquier otra circunstancia, para que no se convierta en un recuerdo amargo o en un rompimiento inesperado, por favor, sigue estos consejos.