República Dominicana, ¡un deleite para el paladar!

Emil Montás - EmilMontas.com

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En la vida hay placeres y placeres de placeres. ¿Me entiendes? Es posible que a ti te guste, por ejemplo, el buceo. Sin embargo, no es lo mismo bucear el Cancún, que hacerlo en Australia, la Costa Brava española, Belice, Suráfrica, Hawái o el Caribe. Cada lugar tiene su encanto, pero, si tienes la posibilidad de conocerlos todos, siempre habrá alguno que te genere algo más.

Lo mismo pasa si eres un aficionado a los viajes: cada lugar encierra una experiencia única, un recuerdo especial, pero siempre habrá alguno que te resulte diferente, al que quieras volver una y otra vez, cada vez es como la primera vez. A mí, algo que me produce especial placer es comer. Sí, me encanta la comida y ¿sabes qué? Que República Dominicana es un paraíso para el paladar.

Alguien podrá decirme que es lógico, dado que se trata de un país en el que el turismo es la fuerza que mueve la economía. Y, claro, en las cadenas hoteleras internacionales la tónica es ofrecerles a sus clientes no solo lo mejor de la comida internacional, sino también algo que los haga sentir en casa: sushi, tacos, enchiladas, pastas, pizza, mariscos, arroces, en fin. ¡Algo para cada gusto!

Mi país, sin embargo, tiene una característica especial que se manifiesta, de manera particular, en la gastronomía: la pluriculturalidad. Sí, en República Dominicana hay una mezcla de razas y de culturas porque nos producto de oleadas de inmigrantes que llegaron hasta este paraíso en los siglos pasados. De África, de Europa, de Estados Unidos y, en especial, de otras islas del Caribe.

Además, hay claras diferencias en las diferentes regiones del país: la playa, el valle, la montaña, el norte, el sur, el oriente. Por ejemplo, el noroccidente te ofrece una dualidad encantadora: costas impresionantes con playas de fina arena blanca que se mezclan con colinas cubiertas por la vegetación propia de un bosque. Y, ¿sabes qué? Esto se refleja también en la comida.

Sí, en efecto, como puedes imaginar, los mariscos están a la orden del día y puedes encontrar una gran oferta. El plato más famoso del área, sin embargo, es el chivo picante. ¡Es una delicia!, te lo recomiendo si alguna vez vienes por acá. Es un guiso picante de carne de cabra sazonado con hierbas y orégano, un ingrediente que crece silvestre en estos parajes. ¡Es una delicia, repito!

En Santo Domingo y el sur, mientras, se nota más la influencia de los inmigrantes. Por ejemplo, a finales del siglo XXI a esta zona llegaron miles de inmigrantes del Oriente Medio que se afincaron principalmente en la capital y en San Pedro de Macorís. Su legado echó raíces en la región y luego se extendió por el resto de la geografía nacional, gracias a que la gente adoptó sus propuestas.

Así, por ejemplo, si quieres variar el menú y permitir que la comida te transporte a un lejano lugar del planeta, puedes probar las delicias libanesas (quipes y tipili, descendientes del kibbeh y del tabouleh). O, si lo prefieres, te vas a Egipto o Croacia para comer el tradicional arroz con fideos o los niños envueltos (repollos rellenos), que son parte vital de la dieta de la familia dominicana.

Por la zona de San Pedro y sus alrededores, como Juan Dolio, hay otra vertiente muy atractiva. Es el fruto de las costumbres adoptadas de los inmigrantes de las islas del Caribe inglés, como Jamaica, Santa Lucía, Islas Turcas y Caicos, San Vicente, Surinam, Antigua y Barbuda, Saint Kitts & Nevis o Trinidad y Tobago. Como ves, hay mucho de dónde escoger, en todo sentido.

Ellos fueron los responsables, por ejemplo, de que los dominicanos aprendiéramos a beber el guavaberry, un delicioso licor artesanal que se hace en casa con frutas del árbol del mismo nombre. A ellos, a quienes conocemos popularmente como cocolos, se les atribuye también otro producto del que nos sentimos orgullosos los dominicanos: el yaniqueque (fritura de harina).

República Dominicana es un país diverso en muchos sentidos y la gastronomía no podía ser la excepción. Fuimos influenciados por las más exóticas culturas inmigrantes, como las islas británicas del Caribe o países de Oriente Medio. Además, hay platillos autóctonos que son una delicia. Yo los disfruto mucho en Juan Dolio, en esos lugares a los que los visitantes no suelen acudir.

El Consejo de Emil

Soy de Santo Domingo, vivo allí, y paso mucho tiempo en Punta Cana, por mi trabajo y mis negocios. ¿Y sabes qué me gusta de tener que viajar con frecuencia entre estas dos ciudades? Que tengo la oportunidad de pasar por Juan Dolio, remanso de paz y tranquilidad, pero también un paraíso de gastronomía. Como te mencioné al comienzo, comer para mí es un gran placer.

En Juan Dolio, gracias a que se ha posicionado como un destino turístico de calidad, la oferta gastronómica internacional es abundante. Pero, y eso es algo que me gusta mucho, como también es el lugar al que muchos residentes en la capital vamos a descansar en los fines de semana, la comida dominicana no puede faltar: hay muchos sitios para comer tus platillos preferidos.

Te voy a contar algo muy personal: cuando voy a Juan Dolio, aprovecho que allí soy un ciudadano más y disfruto del anonimato. ¿Eso qué quiere decir? Que en vez de hacer lo que haría un turista común o lo que hacen muchos de los capitalinos (ir a los restaurantes), prefiero caminar por las calles. En medio de lo que todo el mundo ve hay otros lugares, menos visibles, pero encantadores.

En su mayoría son restaurantes de comida dominicana preparada con sazón de familia. ¿Sabes eso qué significa? Es como si estuvieras comiendo en casa lo que prepara mamá. Espectacular, ¿cierto? Además, son lugares menos bulliciosos en los que te puedes tomar una cerveza fría (la mía es Presidente) o picar algo ligero mientras conversas con el dueño y escuchas sus historias.

En la vida hay placeres y placeres de placeres. Comer, lo repito, es uno de mis favoritos. Y eso es algo de lo que me gusta de mi país, algo que me hace ser un dominicano orgulloso: nuestra gastronomía es espectacular, variada, para todos los paladares. Cada región tiene algo especial, inolvidable, así que no te quedes atornillado en un solo lugar, porque te pierdes la diversión.

Y, no lo olvides, desvíate hasta Juan Dolio. Y cuando llegues allí, después de comer un par de días en los restaurantes más reconocidos, sal a caminar y date la oportunidad de saborear el más auténtico sabor de la comida dominicana como preparada en casa. Descubrirás los secretos de una rica gastronomía que enamora a los más exigentes turistas provenientes de todo el mundo.


Emil Montás - EmilMontas.com

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