¿Sabes bien cuál es el propósito de tu trabajo?

Emil Montás - EmilMontas.com

Emil Montás - EmilMontas.com

¿Cuál es el propósito de tu negocio, de tu trabajo? Cada vez que a alguno de mis colaboradores o a uno de mis colegas les formulo esta pregunta, lo que sigue es un silencio sepulcral de unos largos segundos. Después, antes de que pronuncien palabra alguna, veo una mueca que delata su desazón. Y, por último, recibo alguna respuesta, de esas que surgen por salir del apuro, nada más.

Tengo que confesar que la primera vez que escuché esa pregunta, que me hicieron esa pregunta, ya no era un novato. Acreditaba algunos años de experiencia y, quizás por eso, me causó sorpresa. “¿Cómo que cuál? Pues, lo normal, ganar dinero”, recuerdo que respondí. No fue algo que pensé, sino más bien el fruto de un impulso inconsciente, aunque en realidad no estaba seguro de lo que decía.

La pregunta, por supuesto, encierra una trampa. ¿Por qué? Porque se presume que todos sabemos cuál es el propósito de nuestro negocio, de nuestro trabajo, y no es así. De hecho, podría decir que somos pocos, una minoría, los que podemos dar una respuesta certera, con convicción. Porque, déjame decirte, después de esa prueba fallida aprendí cuál era la importancia del tema.

Sí, es algo muy importante y, por eso, intento transmitirlo a los consultores inmobiliarios que trabajan conmigo y a todo aquel que desee trabajar en esta hermosa industria. Lo menciono en mis transmisiones en línea, en webinars, en el escenario en distintos eventos presenciales. Es algo que tú, que cualquier persona debe conocer, como si te preguntaran tu nombre: respondes sin dudar.

Quizás alguna vez me hayas escuchado decir cuán feliz me siento cada vez que logro cerrar una venta o un alquiler para uno de mis clientes. Te confieso que se me acelera el corazón, que me sudan las manos, que me tiemblan las piernas. Siento como si esa propiedad fuera para mí, para mi familia. Me emociono y les agradezco a Dios y a la vida por darme este gran privilegio.

Eso es lo que amo mi trabajo: que me permita ser intermediario entre mi cliente y sus sueños, ser el agente de la transformación de su vida. Después de aquella primera vez que me formularon la pregunta y respondí impulsivamente, con la ayuda de mis mentores aprendí cuál es el propósito de mi trabajo, de mi negocio: ayudar a otros a cumplir sus sueños y a transformar sus vidas.

Cada día, cuando despierto y le agradezco a la vida una nueva oportunidad, renuevo mi compromiso: todo lo que hago está enfocado en brindarles felicidad a mis clientes. Que mis acciones y las de mi equipo de trabajo, que mis decisiones se traduzcan en ayudarlos de manera efectiva. Que ojalá ese sea otro día que termine con la inmensa felicidad de un sueño cumplido.

Por eso, me llamó la atención una historia que, seguramente, para muchos pasó inadvertida. Una historia que, además, encierra el que estoy convencido es sueño oculto de muchas personas: vivir la última etapa de su vida acompañadas de sus mejores amigos, de sus inseparables compañeros de aventura. Ocurrió en China, en un pequeño pueblo cercano a Guangzhou, en el sur del país.

Todo comenzó como un comentario inocente, quizás como una broma para tentar a sus amigas, a ver qué respondían. “¿Y qué tal si conseguimos una casa y nos vamos a vivir allí?”, preguntó una, durante una de sus habituales reuniones. Inesperadamente, se produjo una rápida conexión y les pareció que no era descabellada la idea. Y, sin dudarlo, se pusieron a la tarea de hacerla realidad.

La historia de un grupo de siete amigas chinas me motivó a pensar en realidad cuál es el propósito del trabajo de un consultor inmobiliario. Llegué a la conclusión de que no somos simples vendedores, sino de que hemos sido premiados con el privilegio de ser agentes de transformación: nuestra tarea consiste en ayudar a otros a hacer realidad sus sueños.

​El Consejo de Emil

¿Te imaginas vivir los últimos años de tu vida junto con tus mejores amigos? ¿Que esos grandes momentos de alegrías que vives con ellos durante los fines de semana o en vacaciones sea algo de todos los días? No sé, pero se me ocurre que para las personas que llegan a la edad adulta y no tienen pareja, que sus hijos ya hicieron su vida, quizás sea una alternativa viable, interesante.

Bien, pues a este grupo de amigas siete amigas chinas la vida les tenía preparada una sorpresa. En una visita a Guangzhou, encontraron de casualidad una propiedad que les hizo ver que no había razón para esperar hasta la edad madura, dado que habían hecho una promesa: cuando cumplieran 60 años se mudarían a un lugar donde pudieran pasar el resto de sus vidas juntas.

Sí, encontraron una propiedad a medio construir, en ladrillo rojo, que de inmediato les llamo la atención. La propiedad, de 700 metros cuadrados, tenía el diseño y las características que estas chicas deseaban. No lo pensaron dos veces, juntaron 4 millones de yuanes (algo así como 600.000 dólares) y se dieron a la tarea de terminarla y adaptarla a su gusto. ¡Y se mudaron de inmediato!

El primer piso es el área común, donde están la cocina, un amplio comedor y un salón de estar donde pueden sentarse a leer, a charlar o a contemplar la belleza del atardecer. Desde allí también pueden ver las chimeneas de las fábricas y los cultivos de arroz. Es una vista inspiradora que les permite un contacto cercano con la naturaleza. También hay una pequeña piscina.

En los pisos superiores están las habitaciones, que son independientes. La premisa es que, por más amigas que sean, cada una requiere su espacio. La decoración la eligieron entre todas, traída desde la India y Marruecos. Por supuesto, hay un lugar especial para tomar el té y conversar. Y en el campo construyeron un camino en bambú para ir a otra estancia donde toman té y ven la una en la noche.

Adicionalmente, acordaron adquirir distintas habilidades que les permitan no solo ser autónomas, sino también, para que no las acose la soledad en el futuro. Por lo pronto, son felices en ese hogar que encontraron y disfrutan de esta experiencia única con la ilusión de que la vida les permita seguir siendo buenas amigas y de seguir reunidas allí “dentro de 10 años”, tan amigas como siempre.

Moraleja: los consultores inmobiliarios hemos sido premiados con el privilegio de hacer realidad los sueños de nuestros clientes. Ese, estoy seguro, es el tesoro más valioso que existe. No es solo vender una propiedad y ganar una comisión; se trata, sobre todo, de que nos otorgaron la posibilidad de llevar felicidad, de transmitir recuerdos felices, de ser agentes de transformación.

Estoy convencido de que los resultados de nuestro trabajo serán mejores el día que entendamos que no somos simples vendedores. Una casa no es un producto común y corriente, tampoco es una propiedad más. Una casa es un escenario donde transcurre la vida de los seres que la habitan, su historia, su pequeño mundo. Y nosotros tenemos el privilegio de ser parte de esa historia.