Inmobiliarias ‘low cost’: ¡cuidado!, no todo lo que brilla es oro

Emil Montás - EmilMontas.com

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La primera vez que firmé un documento legal recibí una de las más valiosas lecciones de mi vida, en especial para mi trabajo. “Emil, ya firmaste y ni siquiera leíste el documento que te entregué”, me dijo mi abogado. “No hay problema, confío plenamente en ti”, le respondí. Fue, entonces, cuando me dijo algo que nunca he olvidado y que ahora les transmito a mis clientes.

“Emil, gracias por tu confianza, pero es tu bienestar y tu dinero lo que está en juego. Tómate unos minutos, léelo y, sobre todo, ponle mucha atención a la letra pequeña: ahí es donde se esconden las trampas”, me dijo. Desde entonces, así tenga mucho afán, así confíe mucho en la contraparte o en mi abogado, reviso minuciosamente cada documento, porque después de firmar no hay llanto que valga.

El dicho reza que “la curiosidad mató al gato”, pero la verdad que la responsable fue la confianza. Sí, el exceso de confianza. A algunos agentes inmobiliarios y a muchos clientes les ocurre lo mismo: creen ciegamente en el otro y terminan llevándose una sorpresa. Sorpresa que, además de desagradable, casi siempre trae consecuencias: líos jurídicos, pérdida del dinero o de los bienes.

¿Por qué te digo esto? Porque en el mercado hay una tendencia que implica un riesgo que algunos toman de manera desprevenida. ¿De qué se trata? De las inmobiliarias que trabajan sin cobrar comisión. A todos nos interesa ahorrar dinero, y eso está bien, pero hay que tomar precauciones. Recuerda que no todo lo que brilla es oro y a veces, reza otro dicho, lo barato sale muy caro.

Uno de los consejos que siempre les doy a mis compañeros, a mis colegas y a mis clientes es que no se olviden de que el éxito en el negocio inmobiliario radica en dos aspectos: la confianza, por un lado, y el respaldo, por otro. Es preferible pagar una comisión si el resultado de esa acción es que vas a poder estar tranquilo durante el proceso de venta de tu propiedad y, claro, después.

El principal riesgo de estas empresas como Housfy, Housell, Cliventa o Propetista, muy activas en internet, es que carecen de conocimiento y experiencia en la industria inmobiliaria. ¡¿Cómo?! Así como lo lees: son portales que a cambio de un pago realizan una gestión y, si les suena la flauta, logran la venta. Sin embargo, es como jugar al tiro al blanco: fallarás más veces de las que acertarás.

Hay muchas personas que creen que vender propiedades es lo mismo que vender pan, o un automóvil. Hay similitudes, es cierto, pero son habilidades diferentes. Una propiedad es el sueño de una familia, el patrimonio de una familia, el futuro de una familia, y con eso no se juega. El que quiera vender propiedades tiene que formarse, conocer el mercado, captar clientes y brindar confianza.

Otro inconveniente es que te cobran una tarifa por el servicio, pero por tiempo limitado: seis meses. Esa es una estrategia engañosa, a mi modo de vero, por estas dos razones: la primera, que con el dinero en el bolsillo nadie te garantiza que van a hacer el esfuerzo por conseguir el cliente que compre tu propiedad; el segundo, que no se pueden vender propiedades bajo la modalidad contra reloj.

Las proptech o inmobiliarias low cost han tomado fuerza en algunos mercados inmobiliarios. Sin embargo, sus trucos no funcionan como lo pregonan y ese deseo de ahorrarte el costo de la comisión puede terminar en un gran problema. Recuerda que tu propiedad es el mayor patrimonio de tu familia y no lo puedes arriesgar así como así. ¡Lee la letra pequeña!

El Consejo de Emil

El mercado, lo sabemos, se mueve al vaivén de la oferta y la demanda. Esa es una ley irrefutable. Todas las empresas inmobiliarias y todos los agentes inmobiliarios estamos sometidas a ella. ¿Qué ocurre si, por ejemplo, les entregas tu propiedad en un período en el que hay baja demanda? ¿O en uno en el que los precios subieron inesperadamente? No van a vender, pero ya tienen su dinero.

Un tercer problema es que no te brindan una asesoría integral adecuada. ¿A qué me refiero? A que no cuentan con el conocimiento, la experiencia y, sobre todo, el respaldo para ayudarte en caso de que el bien esté involucrado en un proceso de sucesión o sea una vivienda de protección oficial. ¿Entiendes? Ni ellos mismos sabrán de qué se trata y, por ende, no podrán asesorarte.

Adicionalmente, la mayoría de estas empresas no te exigen exclusividad. Es decir, tú puedes ofrecer tu propiedad a otras inmobiliarias, tantas como desees: les da lo mismo. La exclusividad, amigo mío, es una suerte de garantía: indica que la empresa va a hacer su mejor esfuerzo por vender tu propiedad, por conseguir un buen cliente, y que en verdad le interesa el negocio.

Si bien ahora disponemos de geniales avances tecnológicos que nos facilitan la vida y el trabajo, hay leyes de los negocios, viejas leyes, que no han sido revaluadas (y nunca serán revaluadas). Una de ellas, una básica, es aquella de visitar la propiedad. Sí, conocerla, descubrir sus olores, ver las sombras, constatar el estado de los pisos, en fin. Bien, estas empresas no te ofrecen visitas.

¡Woooww! En otras palabras, el cliente compra con los ojos cerrados. Algunas ni siquiera brindan la posibilidad de ver fotos de la propiedad, algo elemental para cualquier interesado. Así, te lo aseguro, es difícil, muy difícil, conseguir un buen cliente. Y, para rematar, algunas te hacen cobros adicionales por documentos que son necesarios en la negociación, pero que no están incluidos.

Por último, bien vale la pena mirar las reseñas, es decir, los comentarios de los clientes. En su mayoría, son negativos. Promesas incumplidas o gastos no previstos son la constante, el producto de un riesgo innecesario. Recuerda esta premisa de la vida que también aplica en el mundo de los negocios, que por supuesto incluye la industria inmobiliaria: lo que mal comienza, mal termina.

Mi consejo es que tengas mucho cuidado: ¡no todo lo que brilla es oro! Mejor pagar una comisión a una empresa que te dé plenas garantías y no meterte en un gran problema por ahorrarte unos centavos. Los trucos de las inmobiliarias low cost son atractivos, en especial para aquellos que carecen del conocimiento, pero a la larga son un riesgo exagerado que se traduce en dolores de cabeza.